Fisioterapia avanzada y pilates
LA RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES, EL  SUEÑO Y EL DOLOR
LA RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES, EL  SUEÑO Y EL DOLOR

LA RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES, EL  SUEÑO Y EL DOLOR

Una de las primeras preguntas que hago a un paciente cuando está en la consulta de fisioterapia es a cerca de cómo duerme. Es uno de las características que normalmente me encuentro en las personas con dolor persistente. La falta de sueño y descanso provoca que nuestro umbral de dolor disminuya y esto se refleja en que necesitamos muchos menos estímulos negativos para que aparezca el dolor, nos hacemos más propensos a que nuestro cuerpo nos envíe las señales de dolor que tanto tememos.

Y ahora un poco de ciencia para explicar este mecanismo: la amígdala es una estructura situada en el lóbulo temporal del cerebro de los mamíferos y está formada por diferentes núcleos. Pertenece a nuestro sistema límbico que está involucrado en muchas de nuestras emociones y motivaciones, fundamentalmente en aquellas que están relacionadas con nuestra supervivencia, como el miedo, la ira y el placer.

Para el control de esas emociones, la amígdala, se conecta con diversas áreas del cerebro como la corteza prefrontal medial (mPFC), quien es capaz de inhibir la acción de nuestra amígdala para poder gestionar mejor esas emociones.

Cuando no dormimos lo suficiente o nuestro sueño no es de calidad, la mPFC pierde cierto control sobre la amígdala y hace que ésta esté más activa, por eso, cuando dormimos poco estamos más irritables, saltamos con más facilidad y gestionamos peor nuestras emociones.

Digamos que nos paramos menos a medir las consecuencias de nuestros actos ya que nuestra parte más racional pierde fuerza respecto a nuestra parte más emocional. Por ejemplo, si en esa momento de poco descanso y falta de sueño nos entra hambre y alguien nos ofrece unos “manolitos de chocolate» o una manzana, probablemente elegiríamos lo primero. Nos dejamos llevar más por nuestras emociones más primarias que por nuestro razonamiento a cerca de qué es lo más adecuado para nuestro cuerpo, nuestra salud.

Cuando ocurren estos cambios en la activación y conexión entre la amígdala y la mPFC, se ven afectados dos aspectos:

  1. Por un lado la sensibilidad emocional, estamos más reactivos ante un estímulo y esto nos puede llevar a amplificar nuestras emociones negativas, por ejemplo, ante una misma situación se incrementa el estrés, la ansiedad y el enfado. Esto influye mucho sobre la evaluación sensorial y condiciona la experiencia de dolor y es un factor de riesgo para tener dolor persistente. Es decir, ante la más mínima sensación negativa,      la vamos a magnificar y esto a efectos de dolor se va a convertir en un mayor dolor que podemos ir agrandando y retroalimentando sólo por esa falta de control sobre nuestra amígdala.
  2. Por otro, la especificidad emocional; se altera la capacidad de discriminación ante diferentes estímulos, por ejemplo, somos peores reconociendo expresiones faciales. El dolor, al ser una percepción de amenaza, tenemos y percibimos dolor ante un número    mayor de estímulos y más dolor ante estímulos iguales. 

Además, la falta de sueño altera otros factores responsables del dolor, uno es la disminución del mecanismo opioide endógeno que produce betaendorfinas, metencefalinas, leuencefalinas y dinorfinas  y otro es la alteración y aumento de citocinas proinflamatorias. Nuestro cerebro está constantemente haciendo ajustes entre el dolor y la recompensa en las áreas del cerebro. Está comprobado que dormir las horas suficientes, hacer ejercicio y comer lo que necesitamos está en directa relación con el buen funcionamiento de nuestro sistema opioide endógeno.

El descanso por tanto es un pilar básico para la salud. Dormir un mínimo de 7 horas al día es fundamental si queremos rendir, estar más tranquilos y tener menos dolor. 

De cara al dolor persistente es clave para no vuelva a aparecer la combinación de un descanso adecuado y: 

  • el tratamiento de fisioterapia con las técnicas adecuadas a cada caso y lesión, 
  • una alimentación adecuada, cada persona tiene la suya, 
  • el ejercicio terapéutico dirigido.

Además, esto será la única manera efectiva con la que consigamos evitar el uso de medicamentos contra el dolor.

Feliz descanso.

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