Fisioterapeuta de Clínica Motriz corrigiendo a un paciente durante un ejercicio de fuerza con poleas en la fase de readaptación, en Tres Cantos

Hay una conversación que tenemos casi todas las semanas en la clínica.

Llega alguien con un dolor que lleva meses. Le tratamos. A las tres o cuatro sesiones está mejor, se mueve bien y ya no le duele. Y entonces nos dice, con toda la lógica del mundo:

«Pues ya estoy. ¿Para qué voy a seguir viniendo?»

Es una pregunta razonable. Si el dolor era el problema y el dolor se ha ido, parece que el trabajo está hecho. Durante mucho tiempo, además, era lo que hacía casi todo el mundo en fisioterapia: tratar hasta que deja de doler y dar el alta.

El problema es que, muchas veces, ese paciente vuelve. A los tres meses, a los seis, a veces al año. Con lo mismo, o con una molestia nueva en el lado que ha estado compensando.

Queremos contarte por qué pasa eso, y por qué en Motriz insistimos tanto en la segunda parte del tratamiento. No porque sea nuestra opinión: porque hay ensayos clínicos que lo han medido.

El experimento que separa las dos cosas

En 2020 se publicó un ensayo clínico aleatorizado con bailarines que tenían una lesión crónica del sóleo —ese músculo profundo de la pantorrilla que se lesiona con una facilidad desesperante en quien salta mucho.

Lo interesante es cómo lo diseñaron. Dividieron a los participantes en tres grupos:

  • Un grupo recibió solo la técnica: electrólisis percutánea ecoguiada (lo que conocemos como EPTE), una aguja muy fina que, guiada por ecografía, aplica una corriente en el punto exacto de la lesión.
  • Un segundo grupo hizo solo ejercicio: un programa de trabajo excéntrico, es decir, ejercicio de fuerza específico para ese tejido.
  • Y un tercer grupo hizo las dos cosas.

Cuatro semanas después midieron dolor, movilidad del tobillo, resistencia y capacidad para ponerse de puntillas.

Los tres grupos mejoraron. Eso ya dice algo: tanto la técnica como el ejercicio funcionan por separado.

Pero el grupo que combinó ambas cosas obtuvo mejores resultados que cualquiera de los otros dos, y además fue el que percibió un cambio mayor en su propia experiencia.

Dos años después, el mismo equipo repitió el planteamiento con futbolistas profesionales, también con lesión de sóleo. Mismo diseño, misma conclusión: añadir la técnica al programa de ejercicio aportaba beneficio clínico.

Por qué esto no es una obviedad

Podrías pensar que es evidente: haz dos cosas en vez de una y obtendrás más.

Pero no funciona así. En fisioterapia hay montones de combinaciones que no suman nada, y tratamientos que mejoran el dolor sin cambiar absolutamente nada de fondo. Que una combinación concreta sí sume hay que demostrarlo, y eso es lo que hicieron estos ensayos.

La explicación de por qué ocurre tiene sentido cuando conoces el tejido.

La técnica actúa sobre el problema que ya está ahí. Cuando un tendón o un músculo llevan meses degenerados, el cuerpo ha dejado de intentar repararlos: la zona está, por decirlo de alguna forma, dormida. La EPTE provoca una reacción local controlada que reactiva ese proceso de reparación. Por cierto, un estudio en cadáver de 2022 comprobó que no genera calor: el mecanismo es electroquímico, no térmico, así que esa idea de que «quema» el tejido no se sostiene.

El ejercicio construye lo que no había. Un tejido reparado pero débil vuelve a lesionarse a la primera de cambio. La fuerza no aparece sola: hay que ganarla, y eso lleva semanas.

Dicho de otra forma: la técnica resuelve el pasado, el ejercicio protege el futuro. Por eso quien hace las dos cosas acaba mejor que quien hace una sola.

Qué significa esto si tienes dolor ahora mismo

Significa que si vienes a la clínica con una tendinopatía, una lesión muscular que no termina de irse o un dolor que ya te ha visitado otras veces, te vamos a proponer dos fases, y las dos importan:

Primera fase — quitar el dolor. Aquí entra todo lo que tenemos: ecografía para ver exactamente qué pasa y dónde, EPTE, neuromodulación percutánea, ondas de choque, INDIBA. Es la parte que notas rápido y la que todo el mundo espera de una clínica de fisioterapia avanzada en Tres Cantos.

Segunda fase — readaptación. Es la que casi nadie cuenta y la que marca la diferencia entre curarte y curarte de verdad. Trabajo de fuerza progresivo y específico para el tejido que ha fallado, hasta que aguante lo que tu vida le pide.

No vas a estar seis meses viniendo. Pero las tres o cuatro semanas de la segunda fase son las que evitan que vuelvas en marzo con lo mismo.

Y si ya estás bien y lo que quieres es no volver a pasar por esto, esa segunda fase existe también por su cuenta: es nuestro entrenamiento funcional terapéutico en Tres Cantos, con fisioterapeuta delante corrigiendo, en grupos reducidos.

Lo que no te vamos a decir

Nos parece importante ser claros con esto, porque en salud se promete demasiado alegremente.

Estos estudios se hicieron en lesiones musculares y tendinosas concretas, con grupos pequeños —entre diez y treinta personas— y en poblaciones muy específicas: bailarines, futbolistas. Son buenos estudios y apuntan en una dirección consistente, pero no son una garantía universal y los propios autores piden más investigación.

Ninguna técnica funciona igual en todo el mundo. Lo que sí podemos decirte es que la combinación de tratamiento y ejercicio tiene mejor respaldo que cualquiera de las dos por separado, y que por eso trabajamos así.

Lo que decida tu caso concreto no será un estudio: será lo que encontremos cuando te exploremos.

En resumen

Si te quitamos el dolor y te mandamos a casa, hemos hecho la mitad del trabajo.

En Motriz llevamos desde 1999 en Tres Cantos, y lo que hemos visto en la camilla coincide con lo que dicen los ensayos: tratamos el dolor y después fortalecemos la zona para que no vuelva. No es una forma de que vengas más veces. Es la forma de que vengas menos.

Si tienes un dolor que ya te ha visitado otras veces, pide cita. La primera visita es una sesión de fisioterapia completa: exploración funcional, ecografía para ver el tejido y, si procede, empezamos a tratarte ese mismo día. De ahí sale con franqueza qué tienes y qué haríamos.

Referencias

Todas las referencias proceden de PubMed.

  1. De-la-Cruz-Torres B, Barrera-García-Martín I, Valera-Garrido F, Minaya-Muñoz F, Romero-Morales C. Ultrasound-Guided Percutaneous Needle Electrolysis in Dancers with Chronic Soleus Injury: A Randomized Clinical Trial. Evid Based Complement Alternat Med. 2020. doi:10.1155/2020/4156258
  2. De-la-Cruz-Torres B, Romero-Rodríguez B, Romero-Morales C. Ultrasound-Guided Percutaneous Needle Electrolysis Combined With Therapeutic Exercise May Add Benefit in the Management of Soleus Injury in Female Soccer Players. J Sport Rehabil. 2022. doi:10.1123/jsr.2022-0021
  3. Ferreira MHL, Araujo GAS, De-La-Cruz-Torres B. Effectiveness of Percutaneous Needle Electrolysis to Reduce Pain in Tendinopathies: A Systematic Review With Meta-Analysis. J Sport Rehabil. 2024. doi:10.1123/jsr.2024-0009
  4. Borrella-Andrés S, et al. Application of Percutaneous Needle Electrolysis Does Not Elicit Temperature Changes: An In Vitro Cadaveric Study. Int J Environ Res Public Health. 2022. doi:10.3390/ijerph192315738

Escrito por Raquel Trinidad Moreno, fisioterapeuta, colegiada nº 1942. Clínica Motriz, Tres Cantos. Revisado el 23 de octubre de 2026.

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