La hernia se ha ido. Tu espalda no está curada.
Llegas a la revisión con la resonancia nueva. La hernia ha menguado, o ha desaparecido del todo. El dolor que no te dejaba dormir hace cuatro meses ya no está. Te dicen que todo ha ido bien y te dan el alta.
Y es verdad: ha ido bien.
Pero hay una pregunta que casi nadie hace en esa consulta, y es la que decide los próximos cinco años: ¿por qué se te hernió ese disco?
Porque si la respuesta es «no lo sé», entonces nada de lo que ha pasado impide que vuelva a pasar.
Tres de cada cuatro recaen
Empecemos por el dato incómodo.
Un estudio siguió durante más de cinco años a personas con hernia discal y dolor que bajaba por la pierna. Unas se operaron y otras no. Al final del seguimiento, el 76,9 % había tenido alguna recaída. Y al comparar a los operados con los no operados, no hubo diferencias significativas entre los dos grupos.
Tres de cada cuatro. Hicieran lo que hicieran.
Ese número no significa que el tratamiento no sirva — la mayoría estaba bien en el momento del seguimiento final. Significa otra cosa: que resolver el episodio y resolver el problema no son lo mismo, y que a casi nadie le dan un plan para lo segundo.
Mientras te dolía, un músculo se apagó
Aquí está la parte que no se cuenta y que explica casi todo.
Pegado a tus vértebras, por detrás, hay un músculo profundo llamado multífido. No es un músculo de hacer fuerza bruta: es el que estabiliza cada segmento de tu columna, el que ajusta la postura antes de que te muevas, sin que tú te enteres.
Cuando una espalda duele durante meses, ese músculo se apaga. Dejas de moverte con normalidad, el cuerpo protege la zona, y el multífido se atrofia y se infiltra de grasa. Es un cambio que se ve en la resonancia.
Y lo que pasa después está medido.
Un estudio de 2025 siguió a 145 pacientes operados de hernia lumbar durante año y pico, midiendo en la resonancia la calidad de esa musculatura antes de operar. Los que llegaban al quirófano con la musculatura degradada acabaron peor: más dolor y más discapacidad al final del seguimiento.
Y al analizar qué predecía acabar con dolor crónico, el factor más potente fue este:
Infiltración grasa moderada o severa del multífido: siete veces más riesgo de dolor crónico.
Siete veces. No el tamaño de la hernia. No la edad. El estado del músculo.
Los propios autores subrayan lo importante: es un factor modificable. El músculo se puede recuperar. La hernia que tuviste, no se puede deshacer.
Y si te operaron, la cirugía lo dejó peor
Esto hay que decirlo sin dramatismo, porque no es un argumento contra operarse: es un argumento a favor de lo que hay que hacer después.
Un estudio hizo resonancia a 32 pacientes antes de una microdiscectomía y un año después. En el lado operado, la grasa dentro del multífido pasó del 43,3 % al 57,8 %. Y esa degeneración muscular se asoció a empeoramiento del dolor lumbar.
Tiene sentido: para llegar al disco hay que atravesar o apartar ese músculo. Es el precio quirúrgico, y en muchos casos merece la pena pagarlo.
El problema no es el precio. El problema es que nadie te dice que hay que reconstruir lo que se pagó. Sales del hospital con la hernia resuelta y el estabilizador de tu columna peor que cuando entraste.
Cuidado con el tamaño del estudio: 32 pacientes es poco, y no todos los resultados alcanzaron significación estadística. Apunta en una dirección, no la demuestra sola.
Entonces, ¿»ya no me duele» qué significa?
Significa que has ganado la primera mitad.
Como contábamos en el artículo anterior, el 70 % de las hernias se reabsorben solas con tratamiento conservador. Eso es espectacular y es una buena noticia.
Pero el disco se reabsorbe solo y el músculo no. La atrofia no se revierte esperando: se revierte entrenando. Y el dolor, que es lo único que notas, se va mucho antes de que el músculo vuelva.
Esa diferencia de calendario —el dolor se va en semanas, la fuerza tarda meses— es exactamente el hueco por el que vuelve la lesión.
Qué funciona: lo aburrido
En 2025 se publicó una revisión que reunió 70 revisiones sistemáticas sobre ejercicio y dolor lumbar. Es de lo más sólido que hay sobre este tema.
Dos conclusiones.
Sobre prevenir recaídas: el ejercicio general y la actividad física regular reducen la recurrencia del dolor lumbar. Certeza baja a moderada — los propios autores no venden más de lo que tienen.
Sobre qué tipo de ejercicio: al comparar las distintas modalidades entre sí, siete metaanálisis en red favorecen dos por encima del resto:
El control motor y el Pilates.
No el gimnasio genérico. No las abdominales. Control motor —aprender a estabilizar la columna en cada movimiento— y Pilates, que es básicamente control motor organizado.
Y en hernia discal concretamente, una revisión de 12 ensayos con 880 participantes señala lo mismo desde otro ángulo: lo que mejor sostiene el resultado es el ejercicio domiciliario pautado combinado con movilización neurodinámica —trabajo específico sobre la movilidad del nervio— y control motor.
Dos revisiones distintas, mismo sitio.
Lo que el ejercicio hace, y lo que no
Esta parte es importante y casi nadie la cuenta bien.
Un metaanálisis de 14 estudios midió qué pasa cuando alguien hace ejercicio después de una cirugía de columna, comparado con recibir solo consejos. El resultado tiene dos caras:
- Discapacidad a las 6-12 semanas: mejora clara, con evidencia de alto grado.
- Dolor, en ese mismo periodo: efecto pequeño y no significativo.
- Función física a las 12 semanas: mejora moderada.
Léelo otra vez, porque es contraintuitivo: el ejercicio mejora mucho lo que puedes hacer, y bastante poco lo que te duele.
O sea: el ejercicio no es un analgésico. Si lo que buscas es que deje de doler mañana, esto no es lo tuyo — para eso está la primera fase del tratamiento.
Lo que te devuelve el ejercicio es tu vida: agacharte a por el niño sin pensarlo, cargar la compra, volver a correr, dormir del lado que te gusta. Y eso, a los cinco años, vale bastante más que un punto menos en una escala de dolor.
Cómo lo hacemos en Motriz
Con una hernia, trabajamos en tres fases. La primera la conoce todo el mundo. Las otras dos son las que marcan la diferencia.
Fase 1 — quitar el dolor para que puedas moverte. Exploración y ecografía para ver el tejido, neuromodulación percutánea ecoguiada sobre el nervio, terapia manual, INDIBA. Es la parte que notas rápido. Forma parte de nuestra fisioterapia avanzada.
Fase 2 — readaptación. Aquí reconstruimos lo que se apagó. Control motor progresivo, neurodinámica y fuerza, hasta que puedas volver a tu trabajo, a tu deporte y a tu vida normal sin recaer. No son tres ejercicios en un papel: es un programa supervisado que avanza contigo, con un fisioterapeuta delante corrigiendo.
Fase 3 — mantenerlo y seguir mejorando. La readaptación tiene un final: el día que vuelves a tu trabajo, a tu deporte y a tu vida normal sin recaer. Pero la fuerza que has ganado se pierde si dejas de usarla, y entonces vuelves al punto de partida con el multífido apagándose otra vez.
Por eso existe una tercera fase, que ya no es tratamiento sino rutina: nuestras clases de Pilates máquinas y el entrenamiento funcional terapéutico, en grupos reducidos y siempre con un fisioterapeuta delante.
No es casualidad que la fase 3 sea precisamente eso. Es que, cuando comparas las modalidades de ejercicio entre ellas, el control motor y el Pilates son las dos que mejor salen. La fase 3 no es un extra comercial: es la misma evidencia que la fase 2, convertida en algo que puedes sostener durante años.
Lo que no te vamos a decir
No te vamos a prometer que no vas a recaer. Parte del riesgo no se entrena. Un estudio con 1.653 pacientes operados encontró que quienes quedan con un defecto grande en el anillo del disco tienen el doble de riesgo de que los síntomas vuelvan y de necesitar otra operación. Eso es anatomía, y el ejercicio no la cambia.
Y una precisión honesta sobre la evidencia: los estudios que demuestran que el ejercicio previene recaídas están hechos sobre dolor lumbar, no específicamente sobre hernia discal. Son poblaciones muy parecidas y el razonamiento es razonable, pero no es exactamente lo mismo y no vamos a fingir que sí.
Lo que sí está medido en hernia es el otro lado de la cadena: que el estado del multífido predice cómo acabas, y que ese músculo se recupera entrenando.
Tampoco te vamos a decir cuánto tardas. Depende de cuánto tiempo llevabas doliéndote, de si te operaron y de en qué punto empiezas.
Si ya no te duele y no sabes qué hacer ahora
Ese es justo el momento. No cuando vuelva.
Si has pasado una hernia discal —te hayan operado o no— y te han dado el alta sin un plan, pide cita. La primera visita es una sesión de fisioterapia completa: valoración con exploración funcional y ecógrafo, y tratamiento en esa misma sesión. Sabrás qué aguanta hoy tu espalda y qué le falta.
De ahí sale un programa concreto, con un principio y un final.
Referencias
Todas las referencias proceden de PubMed.
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- Zou T, et al. Incidence of Spontaneous Resorption of Lumbar Disc Herniation: A Meta-analysis. Clin Spine Surg. 2023;37(6):256-269. doi:10.1097/BSD.0000000000001490
